Para algunos niños, ir a la escuela se convierte en una auténtica tortura. A su alrededor todo son burlas, amenazas y aislamiento. Y si cuentan lo que está sucediendo o se defienden, todavía puede ser peor.

Por tanto, el bullying consiste en cualquier forma de maltrato intencionado y repetido, ejercido por uno o más estudiantes contra otro u otros compañeros. Suele tener lugar en el aula (cambios de clase), en el patio (en las zonas no vigiladas), servicios o baños, autobús escolar, etc., pero puede darse también en otros contextos: actividades extraescolares, deportivas…

El acoso suele desencadenarse sin causa aparente o por algún hecho insignificante: cometer un error en clase, sacar una nota muy alta o muy baja, el aspecto físico…

Entonces, ¿qué nos indica que se trata de acoso escolar? Estos son los indicadores clave:

  • Intencionalidad: existe la intención de hacer daño (físico, verbal y/o psicológico). Hay un propósito, un deseo de sometimiento y dominación por parte del agresor.
  • Repetición: no se trata de una agresión esporádica, sino que tiene continuidad en el tiempo de forma reiterada.
  • Desequilibro de poder: hay una desproporción de poder entre víctima y acosador (de fuerza física, popularidad, etc.).
  • Vulnerabilidad de la víctima: existen factores personales, sociales y estructurales que incrementan dicha vulnerabilidad (baja autoestima, falta de recursos propios para defenderse, aislamiento social, etc.).
  • Falta de apoyo por parte del acosado, ya que siente apartado y despavorido por temor a represalias.

Debemos ser muy cautos; no podemos hablar de acoso escolar por un desencuentro puntual con un compañero o por una pelea en la que se haya visto envuelto. Eso NO es acoso escolar.

Consulta la nota completa en: ABC.es.

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