A finales de los años ochenta y en el arranque de la década de los noventa se detonó un auge a nivel mundial de las evaluaciones para medir los sistemas educativos, los niveles de aprendizaje y las habilidades de los estudiantes como resultado de programas compensatorios.

De esta manera, las evaluaciones de la enseñanza se abrían paso como un instrumento fundamental para la planeación educativa.