La sociedad civil tiene voz y debe ser un sector considerado en opinión y consulta permanente, es el termómetro del acontecer actual y por lo tanto descartar o no tomar en cuenta el punto de vista de quienes actúan en el devenir cotidiano —las asociaciones o grupos civiles— nubla y genera espejismos cualitativos en el panorama de los tomadores de decisión.