El temperamento viene marcado por los genes desde que nacemos. Así, los niños desde edad muy temprana pueden tener tendencia a ser nerviosos, intranquilos, irritables, asustadizos, etc.

Es posible que nuestro hijo sea obediente, tranquilo, callado, ordenado, responsable, protector,… Esta manera de comportarse de un modo tan perfecto le puede llegar a definir como un niño extremadamente bueno pero, ¿es posible que esta conducta haga que los demás abusen de ellos?

Así son los niños extremadamente buenos:

– Está dispuesto a atender las necesidades de los demás antes que las suyas, llegando a hacer cosas que no quiere con tal de agradar y de hacerse ver ante los otros.

– Intentan hacer todo ellos de manera autónoma para que los demás se alegren y no tengan que prestarles ayuda.

– No manifiestan emociones agresivas. No se enfadan, no se enrabietan.

– Suelen relacionarse poco con otros niños y obedecen siempre a los adultos.

– Ceden ante los demás, se dejan llevar y no saben defenderse.
Cómo proteger a los niños que son muy buenos

La mayoría de los progenitores creen que tener un hijo tan bueno es ideal. Sin embargo, este tipo de niños que pasan desapercibidos, que no fastidian y, por tanto, son dóciles y obedientes, debería ser objeto de preocupación de los adultos. Si bien el comportamiento de estos niños puede resultar cómodo para su educación, los pequeños tendrán dificultades.

Consulta la nota completa en: Guía Infantil

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