Hace un par de semanas tuve que pasar varias noches en una sala de espera; uno de los libros que elegí para sobrevivir fue Cuando la muerte se aproxima, de Arnoldo Kraus (Ciudad de México, 1951).

 

Kraus, médico de profesión, ha publicado múltiples textos además del que nos ocupa: de consulta (Diccionario incompleto de bioética, 2012, en coautoría con Ruy Pérez Tamayo), biografía (¿Quién hablará por ti?, 2012), cuento (Quizás en otro lugar, 2016) y ensayo (Apología del lápiz, 2011), sólo por mencionar algunos. No es la primera –ni la última– vez que Kraus se interesa por la muerte; por el contrario, es evidente que se trata de uno de los leitmotiv de su escritura: así lo prueban Recordar a los difuntos (2015) y Morir antes de morir (2010).

 

Cuando la muerte se aproxima está conformado por 23 ensayos, precedidos por un prólogo de Guillermo Fadanelli y una introducción del propio Kraus, y rematados por un epílogo del mismo autor.

 

En los ensayos que conforman la primera parte Kraus trata –siempre con la perspectiva de la ética laica– dos temas principales: el suicidio y la eutanasia; al tratarlos, el autor destaca la importancia de la autonomía personal:

 

La sociedad no será libre si no se le permite al individuo decidir acerca de su propia muerte.

La necesidad de prescindir de consideraciones religiosas:

 

Quienes piensan que ‘Dios da la vida y sólo él tiene derecho de quitarla’ aseguran que el suicidio no tiene lugar. Su punto de vista y su moral deben respetarse, pero sus condenas no tienen cabida en la sociedad moderna

 

Y el estrecho vínculo entre libertad, dignidad y muerte:

 

El derecho a decidir acerca de lo que se desea hacer con la vida propia es el ejercicio más contundente de libertad; actuar conforme a los dictados de la visión personal del mundo y de uno mismo es ejercer la dignidad.

 

Se alejan de dichos temas mayores –aunque no por ello dejan de ser interesantes, sino todo lo contrario– los ensayos “Asomarse a la muerte”, “La enfermedad como soledad”, “Fugacidad”, “Vergüenza y enfermedad” y “Viuda de la vida”, en los que el autor reflexiona sobre otras facetas de la mortalidad; como sucede a menudo al tratar estos asuntos, la escritura de Kraus roza con la poesía:

Ante las puertas de la muerte la vida escapa, marcha, se esfuma. Se va. Se va para siempre. Llega la muerte. Queda el vacío. […] En el umbral de la muerte la vida calla. Llega la muerte. La muerte siempre llega, siempre se queda. La muerte llena el vacío: la ausencia es total.

En la segunda parte, el autor se dedica a explorar aspectos específicos de la ética médica y la bioética: las enfermedades infantiles y su tratamiento, la eugenesia de Galton y sus resonancias modernas, los trasplantes de órganos, medicina y tecnología, la necesidad de escuchar al paciente enfermo (tema que Kraus también trata en la introducción), la pena de muerte, las drogas. De esta porción me pareció particularmente interesante el texto sobre el mal llamado Doctor muerte, en el que Kraus rehabilita la maltrecha figura del médico estadounidense Jack Kevorkian:

 

La vida no es una obligación. La medicina tiene límites. Las personas tienen dignidad, son autónomas y son libres. Al dignificar la muerte asistida se dignifica la vida. De ahí que el suicidio asistido sea un derecho. Todo eso nos enseñó Kevorkian. Todo eso le debemos a Kevorkian.

La principal virtud del texto de Kraus es su aproximación franca y razonada –sin lastres religiosos, pero con una robusta ética laica; con una prosa ágil eminentemente legible, sin estridencias ni aspavientos– a un tema de vital importancia y de difícil tratamiento: la muerte. Una reflexión profunda y reposada sobre las etapas postreras de la existencia puede contribuir a una mejor y más pronta asimilación del inevitable fin de nuestra vida; ya lo dijo Montaigne en uno de sus ensayos más exquisitos:

[…] toda la sabiduría y razonamientos del mundo se concentran en un punto: el de enseñarnos a no tener miedo de morir.

 

Cuando la muerte se aproxima

Arnoldo Kraus

Pról. de Guillermo Fadanelli

Almadía

Oaxaca de Juárez

2012

214 pp.

 

Marco A. Ramírez López