El Institut Escola Mediterrani de Campclar se ha hecho con el prestigioso premio Baldiri Reixac que entrega la Fundació Carulla.

Nada mejor para entender cómo se trabaja en el Institut Escola Mediterrani de Campclar que entrar en la clase de primero de primaria. Los niños están sentados en tres grupos con sus fichas, unas cestas con dinero de juguete y calculadoras: están haciendo matemáticas.

Cada uno de los tres grupos, que se irán rotando, está con un adulto. Uno está con su tutor, otro con la profesora de refuerzo y el tercero con Antonio Heredia, padre de Antonio, uno de los niños de la clase.

Antonio (el padre) se asegura, uno por uno, de que los niños que tiene delante están entendiendo el concepto que están trabajando. Viene como voluntario a la escuela siempre que el trabajo se lo permite. De etnia gitana, explica que, aunque él no terminó los estudios obligatorios, quiere que su familia cuente con más oportunidades. «Lo hago por ayudar, pero también porque sé que al crío le motiva», relata sonriente.

Una fórmula contrastada

La esencia de lo que pasa en esta clase de primero se traslada a lo que sucede en todo el centro. La escuela se beneficia de la implicación de la comunidad (en especial de los padres) y, a la vez, la escuela contribuye a mejorar el barrio. Ahora, esta experiencia les ha hecho acreedores del prestigioso Premi Baldiri Reixac que entrega la Fundació Carulla en la categoría de escuelas.

Esta forma de trabajar no es ningún experimento, explica Cristina Lara, su directora, sino una metodología con resultados científicamente comprobados que se puso en marcha en el centro en el curso 2011-2012, inspirados en el proyecto de el colegio La Paz de Albacete. Hoy, unos 800 centros en todo el mundo, de diferentes contextos sociales, siguen el mismo modelo. En Catalunya hay, además, una red de centros que usan esta metodología.

Consulta la nota completa en: Diari de Tarragona

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