Violando todos los principios de la estrategia (de negociación, de guerra, de administración pública) se ha trazado una línea rígida en el debate educativo. De repente, llevar a cabo la Evaluación Universal de los maestros se convirtió en el indicador de: 1) la voluntad de cambio del magisterio; 2) la eficacia de la política educativa, y 3) las posibilidades de elevar la calidad de la educación. Nunca antes una prueba ha tenido tanto valor simbólico —y político—, sin que siquiera los responsables de instrumentarla, o sea la Secretaría de Educación Pública (sep), puedan explicar cómo y para qué funciona.