El doctor en Neurociencia por la Universidad de Oxford plasma los ‘Mitos y verdades del cerebro’ (Paidós) en su nuevo libro.

El territorio «neuro» se cotiza al alza. Las neurociencias se despliegan en avances que causan estupor y los sagaces trileros conquistan espacios de promesa fácil: neuroético, por ejemplo, o neuroecologismo. Lo cual es un disparate «absoluto», según Francisco Mora, experto en cuestiones del cerebro, doctor en Medicina por la Universidad de Granada y en Neurociencia por la Universidad de Oxford. Cansado de escuchar «solemnes tonterías» a propósito de este órgano que rige lo humano, y consciente del daño que pueden ocasionar las falsedades alumbradas en torno a él, acaba de publicar el libro ‘Mitos y verdades del cerebro’ (Paidós).

«La vieja cultura se está muriendo, y eso parece que se ha aceptado mundialmente. Entramos en una nueva cultura de convergencia entre ciencias y humanidades, y en esa dimensión ningún mito es necesario y hay que desterrarlos. Han constituido una fuente fundamental del único conocimiento posible, por ejemplo, creer que el sol era un dios porque no se tenía, entonces, capacidad de contestar a algo que sucedía, pero a día de hoy es importante acabar con cada uno de los mitos existentes acerca del cerebro», explica Mora.

Para empezar, socavar el más extendido, el que nadie pone en entredicho: solo utilizamos el diez por ciento de nuestro cerebro, una majadería, «un mito descabellado, siendo el más universal de todos. Se sostiene porque de alguna manera, si se acepta, se tiene el pensamiento mágico de que es muy fácil sobrepasar ese diez por ciento. Todo el mundo utiliza toda la capacidad de su cerebro, no solo el diez por ciento. Eso no quiere decir que las capacidades del cerebro no puedan perfeccionarse o adquirir otras nuevas. A lo largo de la historia, el cerebro del hombre se ha desarrollado desde los apenas quinientos gramos hasta los actuales 1.500 gramos de peso, ¿cómo se puede decir que el 90 por ciento es obsoleto, que está inactivo, latente? Y un aviso: nada hay que cambie el cerebro sino el duro banco del aprendizaje y la memoria», apunta el científico.

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