Partimos de la base y el convencimiento de que, hoy, la función docente no consiste tanto en enseñar a los alumnos una serie de conocimientos relativos a determinadas materias y campos, sino más bien en enseñar a nuestros alumnos a aprender, fomentando en ellos la adquisición de un cierto grado de autonomía intelectual. No se trata solamente de que adquieran ciertas habilidades cognitivas, además de la lógica asunción de conocimientos y destrezas, sino más bien de que, en el desarrollo de su proceso de aprendizaje no se limiten a recibir esos conocimientos, participando también ellos en la construcción de los mismos. De esta manera, cada participante en el aprendizaje podrá aportar su propio pensamiento al mismo, logrando una apertura mental y una especial sensibilidad y participación en creencias y sentimientos. Sin duda, mediante la adquisición de estas destrezas, el alumno planteará de forma diferente a la tradicional su propio proceso, manipulándolo, haciéndolo suyo, convirtiéndose, en definitiva, en el auténtico protagonista del mismo, logrando habilidades que le reportarán beneficios añadidos para su enfrentamiento a los retos y circunstancias de su propia vida, no ya académica, sino considerada en su integridad.

Para el logro de estos objetivos plantearemos técnicas y metodologías didácticas que nos sirvan, como docentes, para fomentar el pensamiento crítico en nuestros alumnos.

No se nos escapa que, aún hoy, y a pesar de las modernas instrucciones sobre adquisición de competencias básicas o clave, el sistema educativo continúa muchas veces contentándose con un buen dominio de la lengua, tanto oral como escrita, con la adquisición de nociones matemáticas, conocimientos de historia, geografía, una lengua extranjera, etc. Y por eso nos parece obvia la necesidad de transmitir a nuestros alumnos determinadas habilidades cognitivas que les permitan la manipulación de los conocimientos y de los sentimientos para afrontar su plasmación en la realidad con un grado mínimo de crítica y de reflexión sobre los mismos, en definitiva, habilidades de desarrollo de su pensamiento crítico (Sáiz y Rivas, 2008, y Guzmán y Escobedo, 2006).

Muchas veces ocurre que el docente da por sentado que el pensamiento, incluido el pensamiento crítico, se desarrolla en sus alumnos de manera natural, sin intervención de estrategias o planes para ello. Al fin y al cabo, pensar es algo que las personas hacemos sin intención de hacerlo, de manera natural, y así el docente da por hecho que los alumnos aprenden y que serán buenos pensadores. Sin embargo, la consecución de destrezas en pensamiento crítico necesita un apoyo, una intención y una estrategia de actuación. Solo así podremos formar personas íntegras con la habilidad de pensar de forma eficaz, de resolver problemas y tomar decisiones en su vida y en su sociedad. Entonces será cuando serán más capaces de conseguir los objetivos que se propusieran y de elaborar propuestas y soluciones alternativas de forma original y creativa. Es decir, podrán adecuarse a los inexcusables cambios que operan en su entorno, en su sociedad, en el mundo de hoy, un mundo globalizado, complejo y multicultural.

Así, plantearemos las siguientes metodologías didácticas como las más adecuadas para el fomento de este pensamiento crítico que deseamos en nuestros estudiantes:

A.B.P., aprendizaje basado en problemas.

Frente a la tradicional exposición de una materia y posterior planteamiento de una actividad sobre la misma, en este método el profesor plantea un problema a los alumnos, a partir del cual estos deben averiguar y comprender el contenido del mismo y encontrar una solución adecuada. Los beneficios que ofrece son: ejercicio en la resolución de problemas reales, ejercicio en la toma de decisiones, trabajo en equipo, mejora de las habilidades de comunicación y argumentación,  ejercicio y desarrollo de valores como la tolerancia y actitudes como la precisión y la revisión, la toma de conciencia del propio aprendizaje, desarrollo de estrategias para aprender, aprendizaje autodirigido y aprendizaje permantente.

Clase invertida (flipped classroom)

Los trabajos de lectura, documentación y búsqueda de información se realizan en casa, y el espacio del aula se utiliza para investigar, profundizar, practicar, resolver dudas y debatir sobre el tema estudiado. Ventajas que presenta: mejor adaptación a los ritmos de trabajo de los alumnos, el alumno puede repetir el aprendizaje cuanto necesite, el alumno puede realizar las pausas que necesite según su ritmo de aprendizaje, el profesor gana un tiempo precioso para otras actividades de profundización, pues ahorra el necesario para la presentación de contenidos, mejora la actitud del alumno hacia la materia y hacia el propio aprendizaje, el docente se convierte en guía de aprendizaje, dejando de ser un mero transmisor, así, el docente deja de ser el centro del proceso, siendo el alumno el protagonista del mismo, se fomenta la participación de las familias en el aprendizaje, permite la evaluación del proceso entero de aprendizaje, no solo del resultado y el alumno se siente responsable de su propio aprendizaje

Método del caso

A los alumnos se les plantean experiencias y situaciones de la vida real, a partir de las cuales ellos mismos construirán su aprendizaje en un contexto que los acerca a su entorno real. El alumno participa activamente en un proceso colaborativo y democrático en el que la discusión grupal llevará a toma de decisiones relevantes. El profesor aporta inicialmente una serie de datos necesarios para el análisis del caso, y los alumnos trabajan sobre él. Su principal ventaja es que los alumnos ponen en práctica habilidades que les resultarán esenciales en su vida real, tales como la observación, la escucha, el diagnóstico, la toma de decisiones y la participación en procesos grupales y colaborativos.

Aprendizaje por descubrimiento (aprendizaje heurístico)

Con este método el alumno no recibe los contenidos desde una posición pasiva, sino que descubre los conceptos y las relaciones entre ellos por sí mismo, y los reordena y adapta a su esquema cognitivo. De esta manera, el profesor no expone los contenidos de forma acabada, sino que informa a los alumnos de cuál es la meta a alcanzar, y él mismo sirve de guía para que vayan recorriendo el camino, además de facilitarles las herramientas necesarias para que descubran por sí mismos lo que se trata de aprender. Su utilidad reside en que asegura un conocimiento realmente significativo, pues pone en relación el conocimiento preexistente con el nuevo, fomentando además hábitos de investigación y de rigor en los alumnos.

Discusión socrática

Este método persigue una enseñanza acompañada del pensamiento crítico. Su principal característica es la eliminación de pretensiones de certeza, para lograr un entendimiento profundo de la materia estudiada. Así, pretende cuestionar todo sin dejar ninguna situación posible sin investigar. Se trata de eliminar el pensamiento de que ya se sabe todo sobre un tema, buscando siempre todas las líneas de conocimiento posibles sobre ese tema. El profesor adopta un papel subordinado, y los alumnos se sienten cómodos pudiendo hablar abiertamente, pues todos, incluido el profesor, presentan actitud humilde y modesta. Puede comenzar el aprendizaje con una pregunta del profesor; el alumno contesta desde su percepción preconcebida del tema; el profesor continúa preguntando hasta que el alumno dice algo contradictorio con su primera respuesta, y entonces se vuelve a la primera pregunta; en este punto el alumno está menos seguro de que su respuesta sea clara, y se ve obligado a iniciar un pensamiento crítico en el que se pondrán en duda sus ideas preconcebidas.

Su principal ventaja es que se utilizan las propias palabras de los alumnos para convencerlos de que saben menos de lo que pensaba, viéndose obligados a abrir su mente a nuevas posibilidades que antes no habían tenido en cuenta.

Ernesto Soria

Consulta la nota completa en: redsocial.rededuca.net

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