El embarazo adolescente desde una visión psicológica

En la actualidad uno de los problemas más urgentes por atender, desde las ciencias del comportamiento y la salud, está relacionado con la sexualidad y la reproducción en la adolescencia debido a sus características multicausales.

Nota escrita en Abril del 2015

Andrómeda Ivette Valencia Ortiz
Instituto de Ciencias de la Salud, ICS.a.

Rubén García Cruz
Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo, UAEH.

El embarazo en la adolescencia es un problema de salud pública mundial de gran relevancia para Latinoamérica, ya que la prevalencia es mayor en países menos desarrollados y entre población socialmente vulnerable (Quiroz, et al., 2013).

La Organización Panamericana de la Salud (OPS) menciona que las niñas menores de 16 años son un grupo de alto riesgo por su situación económica y por las características de su etapa de desarrollo, incrementando hasta 40% la probabilidad de desarrollar diferentes patologías durante el embarazo, además de que la mortalidad de la madre y el niño se cuadruplica (Schufer y Verón, 2010).

Embarazo Adolescente en México

Con respecto a los factores sociales y económicos, el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF) menciona que más de la mitad de la población mexicana adolescente posee tal grado de pobreza que no puede cubrir sus necesidades alimenticias de forma satisfactoria y reconoce que sólo 7% de los jóvenes que son padres a edad temprana tienen los recursos económicos suficientes para mantener a sus familias, mientras que el resto tiene niveles altos de pobreza que les impide incluso cubrir sus necesidades básicas (Pantelides, 2004).

Según el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) (2011), en México una de cada dos adolescentes de 12 a 19 años que inicia su vida sexual se embaraza, 15 de cada 100 hombres adolescentes no utilizaron ningún método anticonceptivo en su primera relación sexual, y 17 hombres tampoco lo usaron en su última relación sexual. De cada 10 adolescentes embarazadas, entre 15 y 19 años, dos han estado embarazadas en más de una ocasión, 40% de los casos no son planeados ni deseados. Un dato significativo en el que debe profundizarse es que: por cada mil mujeres de entre 15 y 19 años, 77 están embarazadas, y del total de nacimientos del país, 17% corresponde a adolescentes entre 10 y 19 años.

González Garza, et al. (2005), afirman que uno de los mayores problemas para alcanzar la salud sexual y reproductiva de los adolescentes es el profundo conservadurismo de la sociedad respecto a los temas de sexualidad. Esta es percibida como un asunto tabú, especialmente en la comunicación entre adultos y adolescentes. Se habla poco de sexualidad, y cuando se hace, en especial en ámbitos escolares, se enfatiza su relación con la reproducción y se desestima el placer. Como consecuencia de esto, el único tipo de sexualidad del que se habla con los jóvenes es la heterosexual coital, evadiendo el discurso del sexo oral, anal y otras orientaciones sexuales distintas a la heterosexual. Estos supuestos, según dichos autores, se filtran en las políticas de salud y educación, con grandes consecuencias en la salud sexual y reproductiva.

Además de los factores ya mencionados, la madre adolescente tiene poco apoyo por parte de las instituciones educativas y claras dificultades para incorporarse al campo laboral, constituyendo la cuarta causa de deserción escolar. Lo anterior se suma al grave riesgo en la salud, si consideramos que una de cada 10 muertes maternas ocurren en mujeres de entre 10 y 18 años de edad, presentando también cambios importantes en la sexualidad, reproducción y desarrollo del individuo, con la posibilidad de incrementar daños en la salud mental y física, entre otras (Santos Preciado et al., 2003).

Dentro de las propuestas sexenales del gobierno mexicano se encuentra la Estrategia Nacional de Prevención del Embarazo en Adolescentes, considerado como unos de los retos que afectan el desarrollo humano de la población en México. Dicha estrategia pretende reducir en 50% la tasa de fecundidad de las adolescentes de 15 a 19 años para 2030, y para ello cuenta con ocho ejes rectores en los que predomina un enfoque político, más que considerar la realidad socio-demográfica, cultural y educativa del país. Busca erradicar dicho problema en un corto tiempo, sin tomar en cuenta que deben integrarse diversas instituciones para armonizar un programa que requiere tiempo y recursos para modificar conductas de riesgo en hábitos saludables para el proyecto de vida de los adolescentes.

Los análisis en México parten desde dos perspectivas: la económica, es decir, el costo social del embarazo en adolescentes y la calidad en el acceso a los servicios de salud. Sin embargo, limitar la sexualidad a esos rubros no es suficiente (Juárez y Gayet, 2005).

El modelo ecológico: una perspectiva psicológica para comprender el embarazo adolescente

El modelo propuesto por Bronfenbrenner (1979) cobra vital importancia al entender que los ambientes naturales son la principal fuente de influencia en la conducta humana. En este sentido, los adolescentes están inmersos en un “ambiente ecológico, que puede entenderse como un conjunto de sistemas seriados en el que cada uno está dentro del siguiente”.

En el microsistema está el adolescente, por lo que se observan las características de esta etapa de desarrollo, resaltando los cambios en el estado de ánimo, la búsqueda de identidad y el sentido de pertenencia con los pares, el papel de la autoeficacia y la autoestima, así como el despertar sexual que acompaña al proceso de maduración biológica, además de la capacidad de anticipación y regulación de impulsos, que en algunas ocasiones propicia que los adolescentes tomen decisiones sin medir las consecuencias a corto y largo plazos. Cuando se presenta la noticia del embarazo y aparecen las primeras reacciones psicológicas en el microsistema, predominan los pensamientos de confusión al poner en duda si está lista para enfrentar la maternidad, si debe considerar la interrupción del embarazo o incluso la adopción, pensar en el impacto que su decisión tendrá en el núcleo familiar y en sus amigos, además de enfrentar la reacción de la pareja que puede estar presente con una participación activa o bien claramente ausente.

Estos pensamientos generan diversas reacciones emocionales que abarcan un espectro muy amplio de respuestas, mismas que cambian rápidamente de intensidad y frecuencia. En este sentido la capacidad de la adolescente para regular sus emociones será pieza clave en su proceso de adaptación, considerando que estas experiencias emocionales se ven intensificadas por los propios cambios hormonales que se presentan durante la gestación. Estos sentimientos se enfocan a ella misma, al bebé que está en camino, a la pareja, al entorno familiar y a su ambiente escolar, por lo que se verán moduladas por el tipo de apoyo social con el que cuenten. Aunado a esto, durante la gestación cambia la imagen corporal de una persona que tan sólo uno o dos años antes era una niña, y el ajuste puede resultar un reto para la nueva madre.

Por otra parte, en el mesosistema, la familia, el ambiente escolar y las redes sociales del adolescente empiezan a vivir ajustes asociados con los cambios que se viven en el microsistema. Las reacciones de los padres de adolescentes que viven un embarazo son diversas y en algunos casos pueden ser extremas, desde brindar un apoyo total —asumiendo el cuidado de la adolescente y del bebé, sin dar oportunidad de que la joven asuma ningún tipo de responsabilidad—, hasta reacciones de rechazo e incluso maltrato o negligencia. Estas actitudes manifiestan que las estrategias de los padres de estas adolescentes también se relacionan con respuestas emocionales intensas, caracterizadas por sentimientos ambivalentes que incluyen indignación, rechazo, culpabilidad, desconfianza, enojo, tristeza o bien gozo, felicidad y empatía. El principal reto de la familia es brindar apoyo sin asumir toda la responsabilidad aun sabiendo que, por la edad, la futura madre no es una persona independiente emocional o económicamente.

En la mayoría de los casos, la llegada del bebé se vive como el nacimiento de un integrante de la familia de origen de la madre, confundiendo los papeles de los abuelos, quienes se convierten en los principales responsables, actitud que debería adoptar la madre. El resultado de esta confusión es que la adolescente no vive su papel de madre ni el de hija; cumple parcialmente ambos y esta confusión tendrá consecuencias por no tener límites claros para el proceso de crianza del bebé, en un futuro inmediato.

El ambiente escolar, secundaria o preparatoria, en su mayoría, no está diseñado para brindar el apoyo necesario para que la futura madre continúe con sus estudios, por lo que aquellas que deciden seguir con su vida académica enfrentan nuevos retos para cumplir con el programa académico, mientras lidian con las actitudes que tienen sus compañeros al saber del embarazo. La presión social y la estigmatización son los principales factores relacionados con la deserción escolar.

Los amigos son parte fundamental de la red de apoyo de la adolescente, sin embargo el proceso de socialización en el que se encuentran marcará diferencias rápidamente, ya que ellos continuarán con la dinámica de su vida social (asistir a la escuela, fiestas, noviazgos, etcétera), mientras que la adolescente vive su proceso de gestación.

Con respecto a la interacción con el exosistema, existen grandes diferencias si la adolescente se encuentra en una comunidad rural o urbana. El acceso a los servicios sanitarios para el adecuado cuidado de la madre y el bebé puede complicarse, o bien ser brindado por personas de la comunidad que no necesariamente cuentan con la preparación y el equipo de atención necesarios para responder ante las complicaciones que puedan presentarse.

Debe considerarse también que la adolescente y su familia deberían tener acceso a servicios de orientación y apoyo psicológico para tener mejores herramientas para vivir este proceso de forma adaptativa, sin embargo este tipo de atención es claramente escaso en el sector público y en algunas ocasiones costoso en el privado. Este es aún un reto para las políticas públicas de atención al embarazo adolescente.

Estas características se suman a las del macrosistema, encontrando que las creencias con respecto al embarazo adolescente serán claramente distintas dependiendo de la región del país en la que nos encontremos, propiciando que en algunos lugares existan actitudes de intolerancia y rechazo, mientras que en otros se observe con naturalidad, como parte del proceso de crecimiento.

Finalmente, es importante considerar que el embarazo adolescente impactará tres de los componentes más importantes en el proceso psicológico de una persona: genera cambios en nuestra forma de pensar, sentir y actuar. Al determinar estas reacciones en la adolescente y su entorno, será más fácil brindar el apoyo que requieren y desarrollar propuestas de prevención que generen estrategias efectivas, mejorando la calidad de vida de la adolescente, su familia y su comunidad, con el objetivo de que llegue el momento en el que las parejas puedan decidir el momento en el que están biológica, social y psicológicamente preparadas para vivir la maternidad y la paternidad.

Bibliografía

Bronfrenbrenner, The Ecology of Human Development: Experiments by nature and design, Harvard College, Estados Unidos, 1979.

C. González Garza, et al., Perfil del comportamiento sexual en adolescentes mexicanos de 12 a 19 años de edad: resultados de la ensa 2000, Salud Pública de México, 47(3), 2005, pp. 209-218.

inegi, x Encuesta Nacional de la Dinámica Demográfica 2011, 2011.

F. Juárez y C. Gayet, Salud sexual y reproductiva de los adolescentes en México: un nuevo marco de análisis para la evaluación y diseño de políticas. uaem, 2005.

E. A. Pantelides, Aspectos sociales del embarazo y la fecundidad adolescente en América Latina, Notas de población, 31(78), 2004, pp. 7-34.

J. Quiroz, et al., Entre contradicciones y riesgos: opiniones de los varones adolescentes mexicanos sobre el embarazo temprano y su asociación con el comportamiento sexual, Salud Pública de México, Vol. 56, No. 2, 2013, pp. 180-188.

J. Santos Preciado, “Enfrentando el reto… Hacia un Programa Nacional de Atención a la Salud de la Adolescencia en México 2001-2006”, Gaceta Médica Mexicana, 2003; 139(4), 2003, pp. 337- 346 .

M. Schufer y D. Verón, “Embarazos en niñas y adolescentes”, Archivos Argentinos Pediátricos, 108(6), 2010, pp. 562-565.

 

Descargar Artículo Original

DEJA UNA RESPUESTA

Please enter your comment!
Please enter your name here