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En su paso por Montevideo, la experta catalana Neus Sanmartí defendió esa concepción de educación.
Neus Sanmartí es profesora emérita de la Universidad Autónoma de Barcelona, doctora en química y especialista en la didáctica de las ciencias. Se ha posicionado como defensora de la enseñanza por competencias sin dejar de lado los contenidos, y se para firme al decir que hay que evaluar para aprender. De hecho, en su último libro da diez claves para hacerlo. En su semana en Montevideo se dedicó a trabajar sobre la enseñanza de las ciencias con un grupo de docentes de Magisterio, Profesorado y Educación Social; además, se hizo un espacio para conversar con la diaria sobre los postulados de la autoevaluación y la enseñanza por competencias que, asegura, son tendencia mundial.
-Sos una gran defensora de la enseñanza en competencias. Muchos docentes no lo ven como algo particularmente positivo y plantean que no es novedoso. ¿Cómo definirías el trabajo en competencias y qué ventajas tiene?

-Yo estaría de acuerdo con los docentes que dicen que no es tan nuevo; lo que pasa es que se le ha puesto una etiqueta a una práctica que muchos docentes y muchas escuelas hacen, aunque tampoco es generalizado. La competencia es una concepción de lo que han de aprender los estudiantes hoy, que no es lo mismo que hace 20 años, cuando no existía internet. Antes se preparaba a los estudiantes para que supieran una cosa muy determinada, ahora es muy importante aprender de nuevo; las profesiones que hay ahora no existirán en el futuro, por tanto no los preparemos para hacer algo en concreto, sino para ser capaces de ir aprendiendo constantemente. La competencia es poner en juego muchos conocimientos variados, no es aplicar conocimientos de un área o de otra, sino todos al mismo tiempo, en conjunto con otras habilidades y emociones, para poder hacer algo socialmente relevante, que tenga que ver con mejorar la sociedad.

-Otra de las críticas que le hacen a esta concepción es que simplemente forma gente competente para un mundo del mercado. ¿Cómo te parás ante esa postura?

-La crítica más fuerte es por el término, no la práctica. El término ha venido de afuera, asociado a lo que necesita la sociedad en general, pero también, claro, las empresas. Creo que esto es para la vida, no es de las empresas, y se ha de separar. Mi objetivo no es prepararlos para ser buenos trabajadores, sino para ser buenas personas, que vivan en un mundo democrático, con iniciativas, capaces de hacer muchas cosas. Si esto también le interesa a la empresa, pues bien, pero no es el objetivo educativo.

Consulta la nota completa en: La Diaria

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