Hábitos. Vivimos una época en que los pequeños sufren estrés y ansiedad por errores básicos en su aprendizaje

Todos los padres y madres creen que educan bien a sus hijos. Les intentan dar lo mejor, llenarles de amor y que aprendan muchas cosas para su porvenir. Pero sin querer se suele caer en errores que no ayudan al desarrollo emocional del niño. La sobreprotección, la presión en exceso por las notas, la sobrecarga de actividades o el poco tiempo para el juego y la imaginación son algunos de los malos hábitos que los padres imponen a sus hijos.

«En 34 años que llevo trabajando con infantes, nunca antes habíamos visto tantos niños con tanta falta de autoestima, desconfianza, miedos, inseguridades, nerviosos, ansiedad o estrés como ahora. Por eso hacemos estas conferencias para intentar llegar al máximo número de docentes».

Esta es la voz de Cristina Gutiérrez, directora de la Granja, Ability Training Center que ha impulsado el Emotour, un ciclo de conferencias destinadas a maestros y profesores con el fin de hacer llegar la educación emocional a todos los rincones de Catalunya. Recientemente han estado en la Sala Santa Llúcia de Reus ante la atención de más de 200 docentes.

Según explica Gutiérrez, hay tres motivos que explican la inestabilidad emocional de los pequeños. El primero es la sobreprotección: «Los padres preguntan los deberes por el Whatsapp y eso debe ser responsabilidad del niño. También vemos padres que les dicen cuándo tienen que pasar el balón en el fútbol. Esto hace que luego no sepan decidir por ellos mismos. El mensaje que le damos al niño es: ya lo hago yo porque tú no puedes. Entonces se sienten inútiles».

La segunda gran razón es la velocidad a la que vamos en nuestro día a día. «Vamos tan acelerados y ocupados -cuenta Gutiérrez- que no vemos lo que nos quiere decir el niño que tenemos delante. En la salida del cole vemos como los padres recogen a los niños con prisas para alguna actividad extraescolar. Ellos necesitan ser escuchados. No pueden tener fe en alguien que ni los mira, ni les escucha».

El tercer motivo es el síndrome de familia perfecta, una imagen que en la actualidad tenemos más viva que nunca con una imposición continua a través de las redes sociales. «La perfección como humanos no existe y las redes sociales no nos ayudan a entenderlo. La gente se expone en una imagen idílica que no es real. Esto genera una presión tanto en adultos como niños, y después los profesores se encuentran con alumnos que no han tenido ningún tipo de educación emocional».

Consulta la nota completa en: DiariDeTarragona.com

DEJA UNA RESPUESTA

Please enter your comment!
Please enter your name here