Hace un par de años me topé con una viñeta de Flavita Banana que me llamó especialmente la atención y por eso aún hoy la recuerdo con claridad. Tan sencilla como directa, en la imagen se ve a cuatro personas –dos niños y sus madres– sentadas en un banco.

La madre de uno de los niños –ella y él con el móvil en la mano– le hace una pregunta a la madre del otro niño –ella y él con un libro en la mano: “¿Y usted cómo hace para que el suyo lea?”.

La alegoría es clara: tú, como madre o padre, tienes que ser el espejo en el que se miren tus hijos. (Apunte al margen: el mensaje de la viñeta se entiende, aunque insiste en demonizar la lectura digital cuando lo cierto es que el niño del móvil podría estar leyendo exactamente lo mismo que lee el chaval que opta por el papel; nadie puede asegurar lo contrario).

En fin, a lo que íbamos: si quieres que tus hijos lean, lee tú con ellos. Durante la niñez y pubertad, tu tarea puede enfocarse en fomentar sus hábitos de lectura.

En edades más tempranas, cuando el niño aún no ha desarrollado sus habilidades lectoescritoras, no basta con ser visto; también debes formar parte de esa maravillosa aventura que es aprender a leer.

“La lectura no es una habilidad innata. Es una competencia que debemos desarrollar. Para que fructifique este aprendizaje debe existir participación y entrega mutua”, nos explica Laura Segovia Pintos, maestra de Audición y Lenguaje, psicopedagoga y experta en Atención temprana con años de experiencia como estimuladora del lenguaje.

“Antes de hablar, los niños ya emiten sus primeros sonidos y realizan conductas preverbales gracias a una correcta estimulación. La lectura es en cambio una habilidad que debe ser aprendida y trabajada. Para lograrlo ha de existir un determinado grado de madurez en el niño; es decir, éste debe haber desarrollado una adecuada conciencia fonológica y tener conciencia ortográfica”.

Quizá esto te suene muy técnico, pero lo cierto es que la clave reside en ser paciente. Como cada niño es diferente, no todos llevan el mismo ritmo. Por eso es importante no hacer comparaciones entre las habilidades lectoras de uno y otro.

Es decir, no te inquietes si tu vecina presume de que su hijo ya sabe leer y el tuyo, que es de la quinta del otro chaval, todavía no. Cada uno se desarrolla de una manera, de ahí que no haya un plazo estandarizado. Lo que sí debes hacer es estar presente mientras tu hijo desarrolla sus habilidades; participar de un modo activo durante este proceso de aprendizaje.

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