Bullying: Problema multifactorial

Las madres son las principales promotoras del acoso escolar. Lo anterior lo plantea un estudio de caso realizado —en el marco de un taller enfocado a madres de familia con nivel socioeconómico medio-alto— por la académica de la Universidad Iberoamericana, Gabriela Moctezuma. La investigación establece que las madres ejercen una agresividad pasiva sobre sus hijos con frases como: “No te metas en problemas”, “mantente calladito” o “no digas nada”.

Según se desprende de la investigación, los diversos estudios de los casos de violencia acumulados que se convierten en hostigamiento escolar se centran en atender a las víctimas y en considerar al victimario como el único antagonista, pero se deja de lado el papel del observador; de ahí el interés por estudiarlo. Gabriela Moctezuma destaca que en el bullying siempre participa el hostigador, la víctima y muchos observadores que se convierten, sin saberlo, en los principales promotores de la violencia al guardar silencio y no denunciar los actos de agresión a los padres de familia o maestros, y que no se atreven a detener los hechos en el momento en que ocurren.

El acoso escolar —asevera— es un problema multifactorial que nace en la familia y se ha fortalecido con la violencia generalizada que afecta al país; de ahí la urgencia de atender los problemas y miedos de las madres —que son la principal influencia del núcleo social—, ya que ellas podrían enseñar a los niños a denunciar y detener los actos de agresión.

az: ¿A partir de qué elementos surge la necesidad de realizar una investigación sobre el bullying?

Gabriela Moctezuma (GM): El bullying es difícil de detectar en las escuelas. Se han emprendido programas en los colegios para prevenirlo y detectarlo. Sin embargo, es difícil hacerlo porque el niño agredido no le informa a nadie sobre lo que le está pasando porque va en detrimento de su autoestima. Es difícil que un menor que ha sido agredido lo informe. Por otro lado, los agresores son cuidadosos para no hacerlo tan evidente. Los únicos que podrían denunciar —y es el objetivo de este estudio— son los testigos. Son los únicos que pueden atacar este problema. Normalmente hay una víctima y uno o más agresores; todos los demás son observadores pasivos y permiten que exista la agresión.

az: ¿Cuáles son los principales hallazgos de la investigación?

GM: Se enfocó hacia las madres para prevenir las relaciones agresivas en la familia. Como es difícil detectarlo en los centros educativos, me enfoqué en las mamás, que muchas veces no se dan cuenta de que tienen una actitud de agresión pasiva, con sarcasmos e ironías para con sus hijos. Esto se ve reflejado en las agresiones pasivas de los niños. Los resultados del taller evidencian que varias de las mamás eran agresivas. Les dimos herramientas de autoconocimiento y de asertividad para cambiar la relación desde el entorno familiar. Las madres con las que trabajé tienen un nivel socioeconómico que les permitió tener una formación educativa y que además trabajan. Su actitud de agresión pasiva es más a nivel intelectual. Sus sarcasmos e ironías generan un resentimiento en los niños y éstos tienen que sacarlo en algún lado: lo hacen en la escuela o con sus hermanos. En primaria, la relación más significativa para los menores es la de la mamá o la del adulto que los cuida. Y esa es la forma en que ellos aprenden a relacionarse. Si la agresión es verbal ellos la van a replicar.

az: ¿Qué tanto inciden los padres en fomentar la agresión o la pasividad de sus hijos?

GM: Tienen un papel definitivo, sobre todo en la prevención. Si somos observadores, tendremos hijos observadores. Si los padres comienzan a hacer la diferencia teniendo una comunicación asertiva, sin tener miedo a expresar sus emociones, los menores aprenderán a defenderse. No tienen por qué quedarse callados si no se sienten amedrentados por sus propias emociones. El trabajo con los padres de familia es importantísimo porque son el primer referente que tienen los niños sobre cómo manejar su realidad.

az: En su estudio afirma que el acoso escolar es un problema multifactorial. ¿Qué elementos inciden en él?

GM: El contexto familiar es uno de ellos. El contexto escolar es muy importante porque hay muchos maestros que, por temor a que la dirección los regañe o a que la sociedad de padres intervenga, no dicen nada y permiten la agresión en los salones de clase. Los niños sienten esto y creen que no es importante lo que les está pasando porque a la autoridad le da lo mismo. El contexto y la firmeza con que la dirección maneja la situación es muy importante. Y claro que se requiere de personalidades que estén predispuestas a ser víctimas o a ser agresivas. Si se dan todos estos factores, la solución del problema es muy difícil.

az: ¿Dónde se registran mayores índices de acoso escolar, en escuelas primarias públicas o privadas?

GM: Es indistinto.

az: La integración de psicólogos y trabajadores sociales, ¿coadyuvaría a la solución de este problema?

GM: Sí. Hace falta mucho trabajar ahí. Muchas veces los menores no entienden que están siendo víctimas de una agresión porque están acostumbrados a vivirla así en su casa. Entonces no distinguen; tampoco cuando son agresores. Hay que trabajar para que los menores identifiquen cuál el límite, dónde se inicia una conducta agresiva y cuándo ya no pueden permitirla. Los padres de familia deben estar capacitados para detectar estas conductas, que pueden ser gravísimas a largo plazo, y eliminarlas en sus hijos.

En los jóvenes es muy evidente la actitud de un agresor. Tienen un tono de voz elevado, una actitud muy egoísta en la que sólo importan ellos, sin tomar en cuenta las consecuencias para los demás. Todo está en términos de ganar o perder. No hay conciliación y existe un enojo constante que se va extendiendo hacia las demás personas. Ese es el mayor riesgo. En la medida en que crecen, los niños tienen acceso a más herramientas para descargar su enojo. Si no tiene un canal para expulsarlo, lo descargan con los compañeros de la escuela, con las mismas personas de su casa. En Estados Unidos, lo hemos visto, utilizan armas para cuestiones agresivas.

az: ¿Y en el caso de la víctima?

GM: Los psicólogos de las escuelas dicen que empiezan con actitudes como no querer ir a la escuela, con muchos malestares físicos con tal de evadir el salón de clases. La negación de los padres es muy importante y no van más allá del: “Aquí no pasa nada y te vas a la escuela”. Primero hay que conocer a los niños y creer lo que están diciendo. Los niños sólo piden ser escuchados. Cuando no son escuchados mediante el diálogo, utilizan otras herramientas.

az: ¿Consideras que los diferentes programas que las autoridades educativas han puesto en marcha para tratar el tema son adecuados?

GM: Creo que están avanzando. Se requiere de la cooperación de la escuela, pero también de la familia. Los niños pasan 50% de su tiempo en la escuela y el otro 50% con la familia. No se puede trabajar únicamente una mitad, es imposible. Es importante que se involucren todas las partes para prevenir el bullying.

az: En el caso de las mamás con las que trabajaste en el taller, ¿qué respuesta tuvieron al concluir el mismo?

GM: Al principio quedaron sorprendidas, principalmente ante el autoconocimiento. Se dieron cuenta de que algunas de sus conductas eran agresivas, pero sobre todo se comprometieron a hacer un cambio en la relación con sus hijos y en la comunicación. Todo radica en que no estamos comunicándonos correctamente. Debemos iniciar un cambio en la comunicación con empatía por sus necesidades —porque a final de cuentas son niños—, por lo que sienten y lo que están viviendo. Todo esto genera un compromiso importante. Las vi sorprendidas, pero también comprometidas con cambiar, al menos, la comunicación.



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